March 6, 2009
The Bishop's Forum
8 de Marzo de 1989: ¡Fecha de una llamada telefónica cambia vida!
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
En las próximas semanas se va a leer y escuchar mucho acerca de mi llegada al vigésimo año como obispo de la Diócesis de Evansville. He aquí un prólogo importante.
Esta mañana, viernes 27 de febrero de 2009, tuve el privilegio de celebrar la santa misa en la tardía conmemoración de la Semana de las Escuelas Católicas para las secundarias Sagrada Familia y Preciosísima Sangre — y la secundaria casi lista para ser abierta en el otoño, Juan Pablo el Grande en Jasper. Como tengo por costumbre, antes de la bendición final siempre permito que cada clase haga una pregunta acerca de cualquier tema que desee. Son interesantes y estimulantes. Esta mañana no fue nada diferente.
Un estudiante de segundo grado, creo, hizo una pregunta simple: “¿Cómo se hizo usted obispo?” Me hizo recordar que había prometido a alguien en el Consejo Pastoral Diocesano que escribiría una columna sobre el proceso del nombramiento de un obispo.
Es evidente que, al igual que con cualquier cosa en la Iglesia o en la vida, puede haber circunstancias atenuantes en torno a la designación de un obispo. Por otro lado es un proceso normal. Procuraré detallar el marco, al menos como lo conozco. Más adelante, utilizaré nuestra propia diócesis como ejemplo.
Antecedentes:
Es importante saber que el Santo Padre tiene un representante que reside en Washington. D.C. Él es la persona de punto en los Estados Unidos que representa al Santo Padre como Embajador para los Estados Unidos y como enlace directo para todos los obispos con el Santo Padre. Le llaman el Nuncio Apostólico (Embajador). Él también es responsable de guiar el proceso para el nombramiento de obispos en los Estados Unidos. El Nuncio Apostólico actual es el Arzobispo italiano Pietro Sambi. Él es un miembro del cuerpo diplomático del Santo Padre.
Periódicamente los obispos de las diferentes Provincias Eclesiásticas envían al Nuncio Apostólico los nombres de los sacerdotes que han demostrado fidelidad a la Iglesia, talentos y la competencia necesaria para ser el pastor de la diócesis. El Nuncio mantiene esa lista para futuras referencias (que suele cambiar constantemente).
Una provincia eclesiástica es un grupo de diócesis, una de las cuales es una arquidiócesis o técnicamente conocida como la Sede Metropolitana (asiento). Las otras diócesis se conocen técnicamente como “sedes sufragáneas.” Sus obispos son conocidos como obispos sufragáneos. Un arzobispo es un “líder entre iguales” con los demás obispos en la provincia.
Hay cinco diócesis en el estado de Indiana: la Arquidiócesis de Indianápolis, la Diócesis de Evansville, la Diócesis de Fort Wayne-South Bend, la Diócesis de Gary y la Diócesis de Lafayette. Formamos la Provincia de Indianápolis. El Arzobispo Daniel Buechlein, O.S.B. es el Metropolitano para la provincia. Evansville es una diócesis sufragánea y yo soy un obispo sufragáneo.
La provincia de Indianápolis, la provincia de Chicago y la provincia de Milwaukee forman la Región VII de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Hay quince regiones en los Estados Unidos.
El obispo es responsable ante el Santo Padre a quien ha prometido obediencia. Cada diácono y cada sacerdote promete obediencia a su propio obispo y a sus sucesores. Mi obediencia como sacerdote de la arquidiócesis al arzobispo de Indianápolis fue transferida al Santo Padre el 8 de marzo de 1989 cuando en una llamada telefónica del Nuncio acepté su invitación para ser el obispo de Evansville.
— Translated by Pilar Tirado