March 13, 2009

The Bishop's Forum

8 de Marzo de 1989: ¡Fecha de una llamada telefónica cambia vida!

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

De acuerdo al Código de Derecho Canónico, la ley de la Iglesia, se espera que todo obispo envié su carta de renuncia al Santo Padre en o antes de su 75º cumpleaños.

Al momento de escribir esto tengo 73 años. Me prepongo enviar mi carta con bastante anticipación a mi 75º cumpleaños entendiendo que hasta que no cumpla mis 75 años no se tomará ninguna acción para que no continúe como el Obispo Diocesano, a excepción de incapacidad física o mental — Dios no lo permita.

El obispo Raymond Shea, mi predecesor, celebró su 75º cumpleaños el 4 de Diciembre de 1988. Incluso antes de su cumpleaños, el Nuncio Papal estaba enterado de la próxima vacante, así que comenzó un proceso sistemático para su reemplazo. No estoy al tanto del contenido de su carta de renuncia, pero sospecho que el proceso para su reemplazo había comenzado antes de su 75º cumpleaños.

Pasos en el proceso para designar a un nuevo obispo

Primer paso:

  • Cuando un obispo se retira/renuncia o es removido la sede diocesana (asiento) queda vacante. Comienza el proceso.
  • El Nuncio Papal busca en la lista a los sacerdotes u obispos auxiliares que reúnan el criterio para la posición en la diócesis procurando hacer coincidir la experiencia, las capacidades, el idioma y los antecedentes culturales, conocimiento de los entornos urbanos o rurales, etc. etc.
  • Entonces él envía un muy largo y detallado cuestionario a cualquier persona que pueda conocer a ese sacerdote buscando afirmación de si es el candidato para ser el obispo de una muy específica diócesis. (Ya existe un extenso archivo de obispos auxiliares así que las preguntas pueden tener más que ver con el “perfil” de este obispo para ser un obispo diocesano, es decir, a cargo de una diócesis.

Segundo paso:

  • De las respuestas y/o de las recomendaciones de las consultas, el Nuncio Papal presenta una terna, una lista de tres candidatos potenciales renqueados en orden, es decir. uno, dos, tres.
  • El Nuncio Papal remite esa terna como los candidatos recomendados a cubrir la sede vacante a la Congregación para los Obispos en el Vaticano. (Claramente, tuve que ser uno de los candidatos en su terna para la Diócesis de Evansville.)
  • Los Cardenales miembros de la Congregación para los Obispos revisan la terna para la diócesis vacante. Seleccionan un nombre de la terna enviada por el Nuncio Papal desde los Estados Unidos y recomiendan formalmente ese nombre al Santo Padre. (Presumiblemente, fui la primera recomendación.)
  • El Santo Padre, personalmente, revisa la recomendación. Si él acepta la recomendación, informa al Nuncio Papal para que invite a ese sacerdote/obispo a convertirse en el Obispo Diocesano de la diócesis vacante.

Tercer paso:

  • La invitación del Santo Padre retransmitida por el Nuncio Papal.
  • La aceptación de la invitación del Santo Padre para ser el Obispo Diocesano de la diócesis vacante.

Cuarto Paso:

La llamada telefónica que cambió mi vida vino alrededor del mediodía del 8 de Marzo de 1989.

Fue simple. Fue clara. He aquí mi recuerdo de la llamada telefónica de la invitación:

“Monseñor Gettelfinger, ¿está usted solo y puede hablar?”

Después de cerrar la puerta externa, respondí:

“Sí, ahora estoy solo y estoy libre para hablar.”

Él respondió:

“Monseñor Gettelfinger, estoy llamando en nombre de su Santidad Juan Pablo II quien le está invitando a que sea el Obispo de la Diócesis de Evansville. ¿Aceptaría usted?”

A pesar de los muchos rumores, la simplicidad de la invitación me dejó atónito. Le pregunté:

“¿Monseñor Tonucci, cuánto tiempo tengo para contestar?”

Él respondió:

“¡Oh Monseñor, el Obispo Shea está muy ansioso por retirarse!”

Aun Pregunté más:

“¿Tengo horas o días a responder?”

Él replicó:

“Oh Monseñor, la gente de la Diócesis de Evansville quiere saber quién será su nuevo obispo.”

Por meses había oído los rumores. Conocía el proceso por adelantado. Sabía que un número de personas tenía que recomendarme para que fuese el Obispo Diocesano de la Diócesis de Evansville. Ciertamente, ese número tuvo que incluir al Arzobispo Edward T. O’ Meara. Todos ellos estaban obligados por el Secreto Pontificio a no hablar de esto con ninguna persona, especialmente con el candidato en cuestión, es decir yo.

De aquí que respondí:

“Monseñor Tonucci, me siento profundamente honrado y anonadado por la invitación del Santo Padre. También sé de todos los que me han recomendado a lo largo de este tiempo. Si el Santo Padre y todos ellos tienen confianza de que soy capaz de ser el Obispo Diocesano de Evansville, acepto.”

Monseñor Tonucci de la Pro-Nunciatura Apostólica en Washington, D.C. actuando en ausencia del Nuncio Papal, el Arzobispo Pio Laghi (quién estaba en Roma con el arzobispo O’ Meara) respondió de inmediato y jubilosamente:

“¡Permítame que sea el primero en felicitarle, obispo!”

¡Así de escueto! ¡Era una realidad! ¡Su tratamiento me dejó pasmado!

El resto es historia.

— Translated by Pilar Tirado

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