April 10, 2009

The Bishop's Forum

Pascua 2009

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

Queridos Hermanos y Hermanas en el Señor Resucitado,

Deben estar leyendo esta carta en el día en que Jesús murió por cada uno de nosotros en la cruz. Sus palabras en el momento de morir en la cruz continúan resonando a través de los siglos: “¡ . . . Todo está cumplido!”

La iglesia insiste en que nunca olvidemos esos tremendos momentos humanos. Necesitamos ponernos en los zapatos de los que estaban presentes ese día.

Los apóstoles y los discípulos estaban devastados. Aquel a quien habían amado acababa de ser crucificado — ejecutado por crucifixión según la ley romana a insistencia de aquellos para los cuales había venido, sus amados.

Estaban petrificados. La impresión de todo esto los había dejado terriblemente solos, incluso antes de que pudieran afligirse. Todo lo que Jesús les había dicho sobre su próxima muerte, no sólo una vez, sino muchas veces, todavía no lo habían procesado. Estaba más allá de su comprensión. Las horas vacías que siguieron les dieron poco consuelo. De hecho, la gran confusión y sus mismas dudas comenzaron a llenar la vaciedad de esas horas vacías.

Igualmente la Iglesia insiste en que nunca olvidemos esos momentos maravillosos que rodean la resurrección de entre los muertos de Jesús — así como Él lo había prometido. “¡Éste es el día en que actuó el Señor! ¡Regocijémonos y estemos alegres!

Este Viernes Santo tiene un carácter muy personal para mí y para mis hermanos. Hoy, 10 de Abril, 1988, nuestra querida madre murió. Fue exactamente un año y un día antes de que fuera ordenado como obispo de Evansville. Sabíamos que su muerte era inminente y con todo fue una fuerte impresión el saber que de hecho había sucedido.

La historia del sufrimiento y de la muerte es contada y recontada a diario. Usted y sus familias tienen esas historias. Algunas fueron de muertes repentinas y trágicas; otras eran esperadas, sin embargo el impacto es real. Muchos de nosotros en el ministerio somos testigos y compartimos esos dolorosos — pero más que sagrados momentos familiares.

¿Cómo puede ser eso?

No hay sino una razón. Ni la pérdida personal ni la terrible aflicción pueden eliminar nuestra fe — nuestra confianza — en Jesús. Él hizo lo que prometió. Resucitó de entre los muertos. A nosotros Él nos promete lo mismo.

Para que no nos preocupemos, la Iglesia nos pide que caminemos en los zapatos de María, la Madre de Jesús, de sus apóstoles y sus discípulos durante estas horas vacías que siguen después del Viernes Santo. A esas horas le siguió la jubilosa exclamación: “¡Resucitó!”

¡Que tengan una Pascua llena de bendiciones! ¡Que no haya preocupaciones para nosotros que pertenecemos a un reino que no es de este mundo!

Fielmente suyo en Cristo,

+ Obispo Geraldo

— Translated by Pilar Tirado

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