May 22, 2009

The Bishop's Forum

Dia Commemorativo 2009

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

A niveles locales, nacionales y globales actualmente nos enfrentamos a temas muy preocupantes.

Todos ellos palidecen cuando se vive la experiencia de los cementerios de los ciudadanos caídos de nuestro país quienes han dado sus vidas para preservar la libertad que gozamos.

En 1966 conduje un grupo de 17 muchachos de la secundaria en un viaje de campamento a través de Europa occidental. Había insistido desde el principio que visitáramos un cementerio nacional americano en Europa como momento propicio para la enseñanza. Planeamos visitar dos cementerios en donde están enterrados soldados americanos caídos en la Segunda Guerra Mundial. Primero fuimos al Cementerio Nacional en Anzio, Italia, y después visitamos el cementerio en Luxemburgo donde está enterrado al General Patton

Uno de los muchachos tenía un tío, Philip White, quien murió durante la segunda guerra mundial en los cielos de la Italia meridional. Lo enterraron en el Cementerio Nacional Americano en Anzio cerca de la traicionera playa de desembarco de Anzio donde tantos otros jóvenes americanos murieron en manos de los alemanes.

En una brillante tarde con los increíblemente cielos azules y el igualmente azul mar mediterráneo, visitamos el Cementerio Nacional Americano en Anzio. En cuanto entramos al bien mantenido cementerio a través de las macizas puertas de bronce, mis ojos se quedaron hipnotizados con la visión de millares de cruces cristianas mezcladas con las estrellas de David. La lente de mi cámara fotográfica fue incapaz de capturar la visión que se puede capturar con los ojos humanos. La visión fue impactante.

Al final de la vasta extensión de lápidas estaba un monumento aun más impresionante dedicado a todos los americanos enterrados allí. En el monumento cincelado en mármol está un ángel que acuna en sus brazos el cuerpo inerte de un soldado americano. ¡Esa vívida imagen nunca la olvidaré!

Mientras tanto, mis exuberantes y precoces muchachos corrieron a la oficina y, sin el permiso del General Americano a cargo, tomaron una tarjeta que indicaba donde estaba ubicada la tumba de Philip White. Más tarde nos encontramos con el General quién estaba tan emocionado al ver a jóvenes americanos visitando el cementerio que todo estuvo bien.

En cuestión de muy pocos minutos, allí estábamos en la tumba de Philip White. Fue un momento especialmente conmovedor el que tan rápidamente los jóvenes localizaran la tumba del tío de uno de los diecisiete a mi cargo. Oramos por Philip White y por todos nuestros soldados que habían muerto solos tan lejos del hogar. “Amor más grande que este . . . .”

Qué orgulloso estaba entonces, y estoy ahora, de aquellos que han dado sus vidas por nosotros a quien nunca conocieron.

¡Al mismo tiempo qué triste estaba entonces y estoy ahora! ¡La mayoría de nosotros somos incapaces de comprender el precio pagado por nuestra libertad por nuestros jóvenes hermanos y hermanas en esa guerra y en todas las guerras!!

La semana próxima: Parte II del Día Conmemorativo

— Translated by Pilar Tirado

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