October 9, 2009

The Bishop's Forum

El Año del Sacerdote: ¿De dónde viene el sacerdote?

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

Sexto artículo de una serie: La mesa familiar

Una granja familiar trae su propio conjunto de necesarias reglas. Estas son impuestas por factores externos, por ejemplo, vacas que necesitan ser ordeñadas o cerdos con hambre vocalizando sus necesidades, gallos anunciando el día y huevos que necesitan ser recogidos, heno para alimento en el invierno, cosechar y trillar el grano y enfardar y almacenar la paja para cama de las vacas lecheras, hacer conservas con los frutos del huerto, mientras que fresas y moras silvestres esperan por jóvenes recolectores a pesar de las niguas y del caliente sol.

Años atrás, esas reglas permitían pocas variaciones. El tiempo ha cambiado algunas de ellas; no obstante, requieren su cumplimiento por parte de los agricultores para que no falle la granja. El sustento de la familia, que depende de su éxito, así lo exige.

Pero presentar sólo la realidad del duro trabajo en la granja omite la indescriptible alegría que giraba en torno a la mesa familiar. No sólo podíamos compartir los frutos de nuestro trabajo con alimentos saludables y deliciosos; también compartíamos las alegrías y los sucesos del día. Era una comunión diaria para nosotros el compartir la comida común ganada con nuestros esfuerzos y nuestras propias manos.

Demasiado a menudo al representar esta realidad hace falta la alegría que se celebra en torno a la mesa familiar. Hasta que uno no la experimenta es difícil expresar el poder de ese simple hecho de compartir en la mesa común. A menos que uno haya tenido la experiencia, es difícil comprenderlo.

En nuestra familia, normalmente la comida principal era la del mediodía; había dos comidas que siempre eran compartidas por todos: el desayuno y la cena. A veces durante el verano la comida del mediodía se compartía en los campos y la cena se convertía en la comida principal. Esas comidas, ambas, celebraban la familia. No sabíamos el lenguaje teológico para expresarlo. No necesitábamos de ese lenguaje, ¡sólo lo vivíamos!

También había esas comidas especiales de comunión con familiares y vecinos. Las comidas del mediodía durante el trillado eran las más notables para los muchachos adolescentes y los hombres jóvenes. El estar comprometido con y ser respetado por los miembros adultos de una comunidad rural cristiana, nos hacia crecer en nuestra auto estima y en el respeto de nuestros ancianos por su confianza en nosotros, sabiendo que ellos dependían de nosotros. Los hombres estaban agradecidos y las mujeres nos recompensaban con deliciosas comidas.

Jesús eligió la mesa para darnos su Cuerpo y su Sangre como alimento aceptable. En la Última Cena, reunió a su familia a su alrededor. Compartieron una comida, una comunión. Así es que la comunión de una familia alrededor de la mesa es el exacto patrón que Jesús nos dejó para ayudarnos a apreciar la Sagrada Comunión. La diferencia es que cada vez que se celebra la Eucaristía Jesús es el sagrado alimento que compartimos con nuestros hermanos y hermanas de la comunidad en la mesa del altar. El alimento sagrado de la Eucaristía fue ganado por el sufrimiento y muerte de Jesús en la Cruz.

Comprender la importancia de la comida en familia nos proporciona una visión más profunda en la apreciación de la Santa Comunión en la mesa Eucarística. Sin ella, la Santa Misa se convertiría en sólo un ritual. ¡Eso sería trágico!

— Translated by Pilar Tirado

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