October 30, 2009

The Bishop's Forum

Los otros sacramentos y la familia

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

Primer artículo de una serie

Prólogo: A principios del otoño de 2008, escribí una serie acerca del primero de los sacramentos sociales, el del Santo Matrimonio. La semana pasada, concluí una serie sobre el segundo sacramento social, el de las Sagradas Ordenes, específicamente la del sacerdocio, reconociendo que los sacerdotes son hijos de familias.

El matrimonio es el origen de todas las vocaciones. Es de la vida familiar que las vocaciones florecen. El sacerdocio, como el matrimonio, no es sólo para el individuo, sino para la comunidad de fieles. Los otros sacramentos son exclusivamente personales, sin embargo, impactan a la familia por la simple y evidente razón que los destinatarios son miembros de familias.

Los sacramentos de Iniciación en la Vida de Cristo

Prefacio: La escena de apertura en la novela épica, Raíces, por Alex Hailey es más que memorable. Conmovedoramente describe la entrada de un hijo en la familia humana al tiempo que reconoce tanto la fuente de su vida, un Ser Supremo y la dignidad que lleva consigo su nombre.

Poco después de su nacimiento, el chamán, el sacerdote tribal, tomó al niño y lo llevó fuera del campamento, en la oscuridad de noche iluminada sólo por las estrellas del cielo. A continuación, manteniendo el niño con su cara frente a los cielos, le susurra en su oído: “Kunta Kinta, he aquí al único más grande que tu.” Así que al niño se le da un nombre único que le recuerda que su dignidad reside en su nombre dado por Dios.

Claramente, todos sabemos que nuestros padres son la fuente de nuestra vida humana. Creemos como cristianos católicos y reconocemos que el regalo de la vida es un esfuerzo cooperativo de Dios y de nuestros padres.

En nuestra tradición de fe, el catolicismo, tenemos que Adán y Eva cometieron un pecado que rompió la relación entre el Creador y ellos mismos. Por ellos mismos eran impotentes de reparar esa relación rota. Sin embargo, Dios no los abandonó, sino que les prometió un Redentor, uno que fuera a la misma vez Dios y hombre capaz de restablecer la relación rota.

Por su pecado, nosotros, sus herederos en la familia humana, llegamos a este mundo con algo que nos falta, algo a lo que una vez teníamos derecho y se perdió. Necesitábamos restaurar esa relación rota. Jesús es el Dios-hombre que, por su vida entre nosotros, su sufrimiento, su muerte y resurrección, pagó el precio para restaurar la relación rota. Nos amó tanto que hizo posible que fuésemos adoptados él como hermanos y hermanas.

La próxima semana: Bautismo, el primer sacramento de iniciación

— Translated by Pilar Tirado

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