November 6, 2009
The Bishop's Forum
Los otros sacramentos y la familia
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
Segundo artículo de una serie: ¡En el Sacramento del Bautismo todo comienza!
La expectativa es materia de la existencia humana. Día a día las familias viven con muchas expectativas. La expectativa de un nuevo miembro de una familia es única.
Considere cómo los padres y madres compartan entre sí y con sus hijos la expectativa de la llegada de un nuevo miembro a la familia. En primer lugar hay el regocijo o la aceptación de sorpresa. Luego está la expectativa de si va a ser un niño o una niña.
La tecnología moderna quita el elemento sorpresa si los padres desean saber de antemano el género de su recién nacido. En cualquier caso queda el tema de darle un nombre a su recién nacido.
Muchos padres y madres que toman en serio su fe católica buscan nombres de santos, ya sean canonizados o antepasados santos. La selección del nombre se convierte en una preocupación para ellos. Escrutando las escrituras. A María y José se les dijo que nombraran a su recién nacido Jesús. A Zacarías y Elizabeth se les dijo que su recién nacido debía llamarse Juan, un nombre que nunca se había oído entre los miembros de la familia. Se rompió con la tradición, pero se mantuvieron firmes en su decisión a pesar de las críticas de la familia.
La veleidosa manera de darle nombre a un niño se hizo famosa por el cantante country Johnny Cash y su canción “Un niño llamado Sue.”
El nombre dado a un niño al nacer debe considerarse sagrado. La elección del nombre debería tomarse en serio ya que el nombre dado por los padres es equivalente al número de seguro social asignado por el Gobierno cívico. Se convierte en la identidad del niño, ya sea un niño o una niña, sin tomar en cuenta el apodo.
Jesús entra en escena cuando los padres presentan su hijo, dado por Dios, para su adopción en el sacramento del bautismo. Al igual que con María y José, Zacarías y Elizabeth, el nombre de un niño no es simplemente un asunto privado. Es un asunto pertinente a la Comunidad. En este caso, es la Comunidad que llamamos el Cuerpo Místico de Cristo. Jesús respeta el nombre propuesto por los padres y hace suyo al niño con ese nombre como su hermano o hermana menor. Por lo tanto la escogencia del nombre es algo que los padres deberían hacerlo en oración.
En tiempos pasados, si el sacerdote bautizante no consideraba que el nombre era adecuado, bautizaba al niño con el nombre de un santo y así era asentado en el registro bautismal — a pesar de que el nombre propuesto por los padres fuese otro. En esos registros, algunos niños pueden llevar el nombre de José o María en lugar del nombre elegido por sus padres.
Como obispo, una de mis responsabilidades es procurar que los registros bautismales se mantengan tanto con precisión como en un lugar seguro. A tal fin, periódicamente, en los últimos años, tenemos todos los registros de las iglesias microfilmados y los mantenemos fuera de la parroquia.
Cuando otros registros oficiales son inexistentes, los récords bautismales de la Iglesia Católica son reconocidos por los gobiernos cívicos como registros legítimos. Esta realidad sólo hace hincapié en que el nombre de un niño en el bautismo es un asunto pertinente a la Comunidad. Es un asunto para tomar en serio. ¡También debiera ser uno de orgullo para los padres y el niño!
El sacramento del bautismo muy a menudo es administrado privadamente. No obstante, es un asunto de la comunidad creyente. Todos los sacramentos son acciones del Cuerpo de Cristo, Cabeza y sus miembros, pero no todos se celebran “públicamente.” Como su Obispo, ¡si pudiese decidir en este asunto, todos los bautizos se celebrarían en la misa de la parroquia con más asistencia el fin de semana para que todos los miembros de la feligresía pudieran alegrarse dándole la bienvenida a un nuevo miembro! ¡Qué momento más especial para que la familia extensiva del recién nacido celebre! ¡Qué momento maravilloso para que todos y cada uno de nosotros recordemos nuestra propia adopción por Jesús en nuestro bautismo!
Próxima semana: El Segundo Sacramento de Iniciación: La Confirmación
— Translated by Pilar Tirado