November 13, 2009
The Bishop's Forum
Los otros sacramentos y la familia
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
Tercer artículo de una serie: El Sacramento de la Confirmación: ¡Una promesa Cumplida!
En mis 48 años de ministerio sacerdotal, estoy convencido de que el Sacramento de la Confirmación es el menos comprendido de los siete sacramentos, sin embargo es tan central para nuestra práctica y nuestra fe en la venida del Espíritu Santo a nuestras vidas. Sugiero a cada uno de ustedes estas preguntas: ¿Qué recuerda de cuando recibió el Sacramento de la Confirmación? ¿Qué significó para usted en ese momento? ¿Qué significa para usted ahora?
Como yo, cada uno de ustedes tiene su propia respuesta. El Arzobispo Joseph Elmer Ritter de Indianápolis me confirmó en mi iglesia parroquial. Tenía siete u ocho años y la venida del Arzobispo de Indianápolis era un momento muy especial como lo era la Confirmación, la que en nuestra parroquia rural de San Bernard, en Frenchtown, Indiana, se daba en un ciclo de cada tres años.
Varias impresiones permanecen en mi: “Seremos soldados de Cristo y el obispo nos va a abofetear.” Estaba embelesado con su hermoso báculo (bastón de pastor) enchapado en oro. También recuerdo la pregunta que nos hizo después de la Confirmación delante de todos en la Iglesia de St.Bernard: “¿Quiénes de ustedes van a ser sacerdotes?” ¡Todos nosotros, niños y niñas por igual, levantamos nuestras manos!
¿Recibimos los dones del Espíritu Santo? ¡Por supuesto! ¿Lo comprendimos todo? ¡Por supuesto que no! Cómo cada uno de nosotros ha respondido a los dones del Espíritu Santo a lo largo de la experiencia de vida es una cuestión de responsabilidad personal. Jesús nos dará la bienvenida a casa a través de la puerta de la muerte de acuerdo a nuestra respuesta.
¿Los dones naturales con los que nuestros padres nos dotaron resultaron ser reales? Por supuesto. ¿Comprendemos cómo esto ocurre? Eso es menos claro para nosotros. Cuando niños, nuestros padres nos guiaron para que utilizáramos esos dones personales al máximo de nuestra capacidad individual. Cada uno debe ser responsable por la respuesta. Esta es una responsabilidad personal.
Mientras que estábamos en casa teníamos que rendir cuentas a nuestros padres, pero cuando crecimos y dejamos la casa cada uno de nosotros descubrió el ser libre de la autoridad paterna — sólo para descubrir que teníamos que rendir cuentas a la Comunidad en general. Aprendimos que la “libertad de elección” también requiere la rendición de cuentas de cualquier opción que se tome. Por eso utilizo la imagen de la licencia de conducir para los candidatos de 16 años de edad. Deben aprender a ser responsables ante el estado de Indiana. Así pues, también deben reconocer una responsabilidad similar para cómo usan los dones que Dios les ha dado, especialmente el de la fe.
Excepto por la vida misma, el mayor don que nuestros padres podrían haber compartido con nosotros es la fe en Jesús, quien los adoptó a ellos, y cada uno de nosotros, en el Bautismo. Son ellos quienes nos introducen en la gran familia de Jesús. Como los primeros maestros de sus hijos, los padres son asistidos por los padrinos, para mantener encendida la luz de la fe en la vida de los recién bautizados.
Sin embargo, exactamente cómo y cuándo la semilla de la fe germina en las almas de los bautizados, sigue siendo un misterio. Por experiencia humana sabemos que a menos que las semillas mueran primero y sean cuidadas para que luego irrumpan a la vida, permanecen siendo infructuosas. Jesús implanta las semillas de la fe en los que adopta por medio del bautismo.
En resumen, los padres católicos, muriendo para sí mismos a fin de dar vida a sus hijos, son los encargados de hacer que ese milagro de la fe que ellos disfrutan, sea transmitido a sus hijos. Por esa razón presentan a su hijo para el Sacramento del bautismo.
Los niños a aprenden acerca de Jesús primero de ellos. Sin sus enseñanzas y su ejemplo, los niños nunca tendrían la oportunidad de llegar a conocer a Jesús. Ellos, con los padrinos, son llamados en el bautismo para que mantengan la luz de la fe brillando en los corazones y las vidas de sus hijos.
Hay un elemento faltante en esta fórmula. La Fe es un don de Dios. No puede ser ganada, sin embargo, mediante el Sacramento del bautismo ese don se siembra en el alma del destinatario. Sin embargo, la respuesta consciente y libre, sin importar la edad, está en las manos del destinatario.
Además, la aceptación de los dones del Espíritu Santo ofrecidos por Dios en la Confirmación requieren un acto de libre albedrio del destinatario. Esa respuesta no puede ser legislada por el obispo, los padres, padrinos o cualquier otra persona. Reside en el destinatario. No obstante, como con cualquier regalo recibido, la respuesta del destinatario conlleva responsabilidad.
Llevándolo a un nivel muy personal, ¿cuándo hizo un acto consciente de voluntad para vivir las promesas bautismales que hizo en su bautismo? ¿Cómo ha respondido a los dones recibidos en la Confirmación?
Gracias Dios por el don del libre albedrio.
La próxima semana trataré otros temas acerca del Sacramento de la Confirmación y cómo incumben a todas las familias.