December 18, 2009
The Bishop's Forum
El Sacramento de la Reconciliación: Un Asunto de Familia
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
Primera parte de dos
Es increíble cómo en los Estados Unidos hemos institucionalizado la necesidad de reconciliación en las familias.
Mejor que pongas atención
mejor que no llores
mejor que no pongas mala cara
Te voy a decir por qué
Santa Claus está llegando,
Está haciendo una lista
Y la está checando dos veces;
Va a encontrar quien es travieso o quien es obediente
Santa Claus está llegando a la ciudad
Él ve cuando estás dormido
Y sabe cuando estás despierto
Él sabe si te portas mal o bien,
Por favor, ¡pórtate bien!
Mejor que pongas atención
mejor que no llores
mejor que no pongas mala cara
Te voy a decir por qué
Santa Claus está llegando,
Santa Claus está llegando.
La participación personal y familiar en el Sacramento de la Reconciliación se ha vuelto prácticamente inexistente dentro de la Iglesia Católica excepto en las parroquias donde siempre ha habido una fuerte tradición de “ir a confesarse” regularmente.
La participación regular en el Sacramento ha disminuido desde el Concilio Vaticano II debido a muchos pasos en falso en nuestros programas de educación religiosa que han dejando a los padres de esta generación ambivalentes, tanto sobre su significado como en su necesidad. Uno de estos errores fue un simple cambio de nombre. ¿Es el Sacramento de la Confesión o el Sacramento de la Reconciliación?
Los niños entendieron el significado de la necesidad personal de ir a confesarse. Sabían cuando había fallado a sus padres, sus hermanos y a su prójimo. Entendieron la simplicidad de los Diez Mandamientos, tal como se les presento a ellos, en un lenguaje que pudieran comprender. ¡Los niños todavía lo hacen!
Santa Claus fue la primera experiencia de la infinita misericordia de Dios. Para ellos fue real. Lamentablemente, Santa dejó de lado la necesidad de reconciliarse con los padres y hermanos y el prójimo.
¡Como obispo y jefe catequista, me resulta difícil e incluso vergonzoso escribir esas líneas!
Nosotros, los obispos, sacerdotes y catequistas, entendimos el nuevo lenguaje del Concilio Vaticano debido a nuestra amplia formación en teología y catequesis. Erramos cuando no nos pusimos a la altura de los fieles. Nosotros también, con todo candor, luchamos por desprendernos de nuestra propia paranoia de la infancia: “¡Dios nos está mirando! ¡Él es Dios de Justicia!” ¡El miedo de ir al infierno estaba incrustado en nuestros corazones. ¡La misericordia y el amor infinito de Dios quedaron en último lugar!
Papás y mamás, ¿Cómo se “reconcilian” el uno con el otro cuando saben que han fallado? ¿Cuál es la intensidad de su amor? ¿Es su amor tan incondicional como el de Jesús? ¿Es su capacidad de mostrar misericordia tan incondicional como la de Jesús? ¡La reconciliación es un concepto difícil! ¡E incluso más difícil de ejercer!
Padres, ¿cómo enseñan a sus hijos a “reconciliarse” con ustedes? ¿Con sus hermanos? ¿Sus amigos? ¿Su prójimo? ¿Sus profesores? ¿Sus entrenadores? ¿El árbitro de sus juegos?
¿Enseñan ustedes con el ejemplo en lo que se refiere a su esposa o esposo? ¿La despedida por las mañana cuando se van para el trabajo? ¿La bienvenida a casa por la noche? ¿Las gracias por la comida preparada por ella o él? ¿O por los niños?
¡Los niños se dan cuenta! ¡Los niños aprenden! ¿Cuáles son las últimas palabras que usted como padre dice en voz alta a su niño o a su hijo adolescente antes de ir a la cama? ¿Les da paz para que sepan que su amor estará allí por la mañana aunque pueda que sus problemas aun no estén resueltos?
En la familia es donde primero se experimenta la comprensión de la misericordia y del amor infinito de Dios. ¡Cuando por cualquier razón la familia no la proporciona, los padrinos del bautismo y de la confirmación tienen la obligación de hacerlo!
Nuestra familia fue fiel a la novena de los Primeros Viernes. En nuestra pequeña parroquia el ir a confesarse a las 5 de la mañana antes de la misa de los primeros viernes era una cuestión de rutina — y una expectativa. Nuestros padres iban a la cabeza. ¡Me daba paz! Por otro lado, no siempre sabíamos decir las palabras necesarias para reconciliarnos entre nosotros, pero ¡de alguna manera sabíamos que la “Confesión” se ocuparía de ello!
Siguiente en esta serie: El sacramento de la reconciliación como un acto público de la Iglesia.
— Translated by Pilar Tirado