December 18, 2009

Navidad 2009

Estimados hermanos y hermanas,

Hemos estado en la espera. Sí, del nacimiento de quien resultó ser nuestro hermano, ¡no a causa de algo que hicimos sino por lo que Él hizo!

El bebé de María nacido en Belén llegó por la misericordia y el infinito amor de Dios por nosotros. Jesús, el nombre dado a Él por el ángel Gabriel, es no sólo un ser humano como cada uno de nosotros, ¡también es el Hijo de Dios!

Jesús, el niño, tuvo una infancia y una adolescencia como todos nosotros. Amaba a María y a José, jugaba como los niños de su tiempo jugaban; estudió en la tradición judía de la época aprendiendo las escrituras de memoria.

Siempre me he preguntado cómo los adolescentes de la época de Jesús socializaban más allá de la sinagoga o la yeshiva, la escuela judía para los muchachos. ¿Cuáles eran sus juegos de niño y de adolescente? ¿Iban a pescar? ¿Iban a caminar por el bosque? ¿Cómo cada uno de sus compañeros regalaban a sus padres con felices sorpresas mientras compartían sus alegrías con ellos?

Sabemos que Jesús trabajaba en casa con José en el taller de carpintería y ciertamente ayudaba a su madre asegurándose de que hubiese suficiente agua y recogiendo su ropa del suelo. ¡Mamá y papá tenían que estar muy orgullosos de su hijo!

¡María, José y Jesús son la Sagrada Familia de Navidad! Sí, vivieron en un lugar y un tiempo diferente y en una cultura muy distinta. Sin embargo, celebraban la familia como lo hacen ustedes en nuestro propio tiempo, lugar y cultura.

Juan, el primo de Jesús, hijo de Elizabeth y Zacarías, debía de visitarlo a menudo. Apuesto a que los dos tendrían “dormidas fuera de casa” y aventuras de adolescente en inhóspitas regiones. Debido a que ambos sabían las escrituras tan bien, estoy seguro de que a menudo discutían acerca de su futuro y de cómo se desarrollarían sus vidas.

Ahora sabemos cómo terminó todo. El Jesús de la Navidad nos ha adoptado a todos nosotros como sus propios hermanos y hermanas. ¡Él es nuestro hermano, Su madre es nuestra madre!

Las mamás y los papás, los hijos y las hijas de hoy son no diferentes o no menos serios acerca de su futuro. Lamentablemente, el conocimiento de nuestra fe palidece en comparación con la de María y José, de Elizabeth y Zacarías o la de Jesús y Juan, nuestros hermanos mayores. ¿Cómo podemos cambiar esa trágica realidad?

¡Qué el portento inspirado por el misterio de la Navidad permanezca en ustedes ahora y a lo largo de toda su vida! ¡Oraré por todos ustedes tanto en la misa de medianoche en la Catedral como después, en la prisión en Carlisle en la mañana de Navidad! ¡Oren ustedes también por mí!

Fielmente de ustedes en Cristo,

+ Obispo Gerald

— Translated by Pilar Tirado

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