January 8, 2010
The Bishop's Forum
El Sacramento de la Unción de los Enfermos: un Asunto de Familia
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
A lo largo de estos últimos meses, miembros de nuestra familia y mis hermanos se han encontrado frente a problemas potencialmente mortales. Junto al increíble apoyo familiar ha estado el Sacramento de la Unción de los Enfermos.
En mis años de crecimiento y en mis primeros años de sacerdocio en la década de 1960, este Sacramento se conocía como el “ Sacramento de la Extrema Unción.” En otras palabras era administrado cuando se consideraba que la muerte era inminente. Se consideraban siempre como los “Últimos Ritos.”
Afortunadamente, tras el Concilio Vaticano II, hubo una re-denominación de este maravilloso Sacramento: El Sacramento de los Enfermos. Se administra libremente a aquellos que sufren una enfermedad crónica o que están por someterse a un procedimiento grave en el hospital. En otras palabras, su administración no indica un peligro inminente de muerte.
En esos años era imperativo que el sacerdote recordara al paciente que este era el Sacramento de los Enfermos. Era necesario hacerlo a fin de eliminar la expresión que empañaba la cara del paciente al temer que la presencia del sacerdote era un “anuncio de muerte inminente.”
Como con todos los sacramentos, elementos de naturaleza humana se emplean para darnos una mejor comprensión de la intención del Sacramento.
En nuestra diócesis el Sagrado Óleo de los Enfermos, junto con el Santo Crisma y el Óleo de los Catecúmenos son bendecidos cada año en la “Misa del Crisma” el Martes Santo. El elemento natural es el aceite de oliva; las bendiciones designan su significado.
Piense en esto. ¿Con qué frecuencia utilizamos ungüentos, bálsamos, aceites y lociones para curarnos? Uno de los más comunes es la manteca de cacao para los labios — “Chapstick”, lo damos por sentado. Qué maravilloso es que la Iglesia nos de el Sacramento de los Enfermos. Su unción está dirigida a curar el cuerpo y el espíritu.
No tiene ni que decirse lo reconfortante que es, tanto para el paciente como para la familia, cuando el Sacramento de los Enfermos se administra a un ser querido.
Además, el Sacramento de los enfermos puede recibirse a menudo, no sólo en el lecho de muerte.
La enfermedad, en sus diversos grados, es experimentada por todas las familias, y por supuesto, la muerte llega a todas las familias. Este maravilloso Sacramento es un bálsamo para el cuerpo y alma. Trae consigo no sólo la gracia que se requiere para la curación, sino también el coraje para enfrentarse a la realidad de la muerte si esa fuese la voluntad de Dios. Es un sacramento de vivos.
En el caso de que haya una aparente muerte debido a un accidente o a un ataque al corazón, el sacerdote o el obispo administran el Sacramento y unge a la persona condicionalmente si es que todavía está con vida a pesar de que ya no estén presentes signos evidentes de vida.
¡Qué gran regalo es el Sacramento de los Enfermos para todas las familias!
Próxima semana: El Santo Viatico: un compañero del Sacramento de la Unción de los Enfermos.