March 5, 2010

The Bishop's Forum

Progreso en la Planificacion Estrategica — Re-energizando nuestra diócesis en la fe

Bishop Gerald A. Gettelfingerby Bishop Gerald A. Gettelfinger 

Tercer artículo de una serie

Este es el tercer artículo en la serie sobre cómo estamos desafiados a esforzarnos para re-energizar la fe en los corazones de los fieles en nuestra diócesis.

El mega-tema descubierto durante el proceso del trillado, al refinar la cosecha de la información recopilada, fue el de la Vida Litúrgica y Sacramental.

La Vida litúrgica y sacramental desafía incluso lo mejor de nosotros porque nos exige separar la piedad y devoción, nuestro sentimiento personal, nuestras inquietudes profundamente arraigadas y volver a mirar los fundamentos de nuestra fe.

Debemos dejar de lado nuestras preferencias personales y guiarnos por el Magisterium de la Iglesia si queremos alcanzar el sentido de unidad que esperamos al hacer frente a quienes somos.

En ningún caso esto niega la validez de nuestra piedad personal o quita nuestra necesidad personal de devoción.

Por otra parte, debemos preocuparnos y respetarnos mutuamente a pesar de nuestras preferencias religiosas personales. Ese es el desafío ya que este tema nos llama a un sentido común de Comunidad Católica. Permítanme ampliarme sobre este tema.

¿Cuál es su experiencia semanal de la Comunidad Católica?

Siendo muy franco, les planteo estas preguntas directas:

1) ¿Asiste a la misma misa cada fin de semana?

2) ¿Personalmente ha conocido y conoce a los feligreses que asisten a las otras misas los fines de semana en su parroquia?

3) ¿Se ha dado cuenta de que más de la mitad de sus hermanos y hermanas no asisten a ninguna de esas misas incluyendo sus hijos e hijas?

4) ¿Se ha dado cuenta de que demasiados niños en escuelas católicas no asisten a misa los fines de semana?

Su experiencia familiar demuestra que en una cena de Día de Acción de Gracias cuando se espera a todos los miembros de la familia, papás y mamás saben cuál hijo o hija falta o al menos por qué faltan. ¡Los hermanos y hermanas también! Cuando hay una ausencia sin excusa o sin previo aviso de cualquier hermano, genera una preocupación o al menos una pregunta para toda la familia. ¿Por qué él o ella no están aquí?

¿No sería considerado como un castigo cruel e inusual si los padres decidieran que debido a una ausencia sin previa excusa el hijo o la hija fuesen repudiados por la familia?

Podemos imaginar las miríadas de excusas que podríamos presentar para no asistir a misa el domingo y la mayoría de ellas podrían ser bastante precisas pero inaceptables. Esto no es una cuestión de “niños”, ¡se trata de una cuestión de fe!

Por otro lado, pierde sentido el estar atrapados en excusas. Hay que evitarlo regularmente. Más importante es preguntarse, ¿Por qué un miembro de la familia de Jesús se ausenta de la Cena de Acción de Gracias en Su mesa por la razón que sea???

El último informe que tenemos sobre el recuento de la asistencia de los fieles los fines de semana de octubre cada año es que sólo el 43 por ciento de nuestros católicos registrados asisten a misa en un fin de semana. Esto varía desde menos de un 30 por ciento en algunas parroquias a más del 80 por ciento en otras pocas.

Algo está haciendo falta. ¿Dónde está la Vida Sacramental y Litúrgica de nuestra iglesia que no inculca un sentido de responsabilidad en cada uno de los miembros por sus hermanos y hermanas?

La Iglesia a menudo establece leyes para remediar abusos. Ya hay una que nos recuerda a cada uno de nosotros que tenemos la obligación bajo pena de pecado mortal de unirnos a nuestros hermanos y hermanas asistiendo a misa cada fin de semana. La tragedia, como lo demuestra la asistencia regular, nos indica que la ley no resuelve nada. Ah, sí, genera culpabilidad pero ¿inculca un sentido de pertenencia? ¡Creo que no!

Mis hermanos y hermanas, ¿Cuál debe ser la fuerza motriz que nos mueva si tenemos que aprender a ser comunidad? La respuesta puede encontrarse en los Evangelios: “A menos que el Señor sea el constructor . . . .” No es la ley la que invoca la pertenencia, ¡debe ser el don de la Fe!

Dejando de lado todas nuestras manías personales sobre la Sagrada Liturgia y la Vida Sacramental que Jesús y su iglesia nos dan, sólo el don de la Fe nos guiará a un sentido de comunidad. ¡Nada más!

¿Cómo podemos avivar la gracia del Espíritu Santo ya presente en nosotros por habernos sido dada en el bautismo y la confirmación?!

La próxima semana: Más información sobre la Vida Litúrgica y Sacramental.

— Translated by Pilar Tirado

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