March 19, 2010
The Bishop's Forum
Progreso en La Planificación Estratégica — Re-energizando nuestra diócesis en la fe
by Bishop Gerald A. Gettelfinger
Tercera parte de una serie sobre Vida Sacramental y Litúrgica: Comunidad parroquial
Cuando se oyen las palabras “comunidad de la parroquia” se pueden entender de diferentes maneras: la parroquia como un territorio, la parroquia como el edificio en el cual los fieles se reúnen o como la Asamblea de fieles que se reúnen en el culto.
Exploremos esta última, la asamblea de fieles reunidos para el culto. Además del clero hay edecanes y acólitos; otros son lectores o ministros extraordinarios de la Eucaristía; y aun más, otros son músicos. En definitiva, todos los feligreses tienen un papel y una responsabilidad de participación activa en la misa. No hay lugar para la presencia pasiva en la celebración de la Eucaristía así mismo como sería inconcebible que un miembro de la familia estuviese pasivo en la cena del Día de Acción de Gracias.
De los días de la misa en latín, donde los fieles se reunían en presencia del sacerdote que celebraba la misa mientras que decían sus oraciones privadamente a ahora hay un cambio y el cambio trae desafíos.
El cambio exige que cada miembro asuma la responsabilidad de participar en la celebración de la Eucaristía, de lo contrario no existe comunidad sino más bien una congregación de individuos, cada quien haciendo lo suyo.
De acuerdo a mis observaciones de cerca de 48 años de sacerdocio pareciera haber una erosión del compromiso con la “comunidad de la parroquia.” Por ejemplo, considere la facilidad de movilizarse que ha dado lugar a gente buscando “una misa de conveniencia.” Esto trae como consecuencia el anonimato y causa la desintegración en la comunidad parroquial. En menor medida, la gente de la misa de las ocho no conoce a la gente de la misa de las once de la mañana. ¿Cómo haremos para recapturar ese sentimiento de pertenencia a una comunidad parroquial?
Luego nos encontramos con la intrusión de actividades seculares que minimiza la naturaleza sagrada del culto y la asistencia a misa los fines de semana. Hay múltiples ejemplos pero los deportes son los más flagrantes. Los niños aprenden que deportes tienen precedencia sobre el culto en la comunidad parroquial. Con demasiada frecuencia encontramos jóvenes que han omitido el Sacramento de la Confirmación debido a los deportes. ¿Cómo revigorizar nuestras comunidades parroquiales frente a tales tentaciones?
Nuestras escuelas católicas existen con el fin de ayudar a los padres en la tarea de transmitir la fe a sus hijos. No hay que hacer un recuento de los niños de las escuelas católicos para saber que no todos participan en la misa los fines de semana. ¿Han olvidado los padres que existe un mandamiento de la Iglesia que manda la asistencia a misa los domingos y los días de guardar? O lo que es peor, ¿se han absuelto los propios padres de cualquier responsabilidad de asistir y por lo tanto de enseñar a sus hijos lo que debe de hacerse??!! ¿Se ha convertido una buena educación secular en la escuela católica en la fuerza motriz para que los niños asistan a nuestras escuelas, y no la educación religiosa y moral? ¿Se ha convertido el compromiso a la fe en un moderno desechable no más importante que un vaso de plástico?
Por último, los niños de hoy son los adultos del mañana. ¿Cómo enseñarles el espíritu de comunidad cuando muchos de ellos sufren de la desintegración de sus propias familias?
Cualesquiera que sean las expectativas que se tengan acerca de la revitalización de nuestras comunidades parroquiales nos presenta a todos un enorme desafío.
La Próxima Semana: Cuarto y último artículo de esta serie: “La Diócesis como Comunidad”
— Translated by Pilar Tirado